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Abreviaturas, siglas, acrónimos y símbolos

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En la escritura siempre llega el momento en que se necesita acortar, reducir o hacer breves las palabras y expresiones para decir mucho con poco; sin embargo, una mala abreviación hace el texto difícil de entender e incluso ilegible, incomprensible y confuso, por lo que podría considerarse incorrecto, ya que no cumple con su función u objetivo, o al menos de manera muy poco eficiente; eso es justo lo contrario de lo que deberíamos pretender y desear. Por ello, abreviar correctamente es tan importante como emplear adecuadamente cualquier vocablo, signo, recurso, técnica... Debe haber un control en cuanto a su forma, número y situación, y para ello se hacen totalmente necesarias e imprescindibles unas normas, reglas y convenciones claras, exactas, coherentes, desarrolladas y adecuadas que es necesario conocer y respetar suficientemente para garantizar una utilización y comprensión adecuada de las abreviaciones.

En este artículo explico, de manera resumida y simplificada, los tres tipos de abreviaciones más problemáticos o desconocidos y los símbolos, que a veces se confunden con abreviaciones aunque no lo sean.

Abreviatura

Es la representación gráfica reducida de una palabra o grupo de palabras, obtenida por eliminación de algunas de las letras o sílabas de su escritura completa y que en prácticamente todos los casos debe cerrarse con un punto, incluso aunque termine con letras voladas, las cuales deben, además, coincidir siempre en género: cuarta, 4.ª (no *4.º). El punto se escribe después del último elemento, excepto cuando se trata de números ordinales, donde se escribe antes de la letra volada, nunca después (*1º.). Sin embargo, ese punto abreviativo de los números con letras voladas es ya bastante raro de ver; no hemos de obviar que es importante escribirlo, ya que las abreviaturas deben cerrarse absolutamente siempre mediante punto abreviativo (en algunos casos se emplea la barra), que simboliza o representa que se ha llevado a cabo una abreviación de elementos y se trata, inequívocamente, de abreviaturas.

El término abreviatura no debe confundirse jamás con abreviación; este último se refiere al acortamiento de una o varias palabras mediante cualquiera de los métodos de abreviación, mientras que el primero se refiere únicamente a uno de ellos.

Existen dos procedimientos para formar abreviaturas: por truncamiento y por contracción, que determinan la forma de las abreviaturas. Si la abreviatura se obtuvo por truncamiento, se añade -s. Se exceptúa el plural de las abreviaturas cent. (centavo, centésimo) y cént. (céntimo), que es cts., y no *cents. ni *cénts. En abreviaturas formadas por una sola letra, el plural se expresa duplicando esta: EE. UU. por Estados Unidos; este procedimiento es actualmente exclusivo de la abreviatura y no debe pasar a la sigla ni a ningún otro método de abreviación para asegurar una coherencia ortográfica adecuada.

Cada elemento abreviado que represente elementos completos debe llevar punto, incluido el último, lo que sirve de cerramiento si se encuentra al final de la frase u oración (así pues, quedaría un único punto al final, nunca dos). Además, si la abreviatura se compone de varios elementos, deberán escribirse con los espacios intermedios que tenga la expresión original sin abreviar (Estados Unidos > EE. UU.), pues las abreviaturas ocultan, obvian o suprimen parte de los elementos de una expresión (que se representa mediante el punto abreviativo en la mayoría de casos), mientras que las siglas representan o simbolizan una expresión haciendo uso de algunos de sus elementos (que, al ser una abreviación más extrema que la abreviatura, sí suprime los espacios intermedios).

Otro rasgo muy importante y que ayuda mucho a distinguir las abreviaturas de las demás formas de abreviación es que la lectura de una abreviatura debe restablecer todas las letras eliminadas en su escritura, esto es, debe leerse la palabra completa que la abreviatura representa, a diferencia de las siglas. Sin embargo, a veces los hablantes deletrean algunas abreviaturas: a. m. (ante meridiem), AM («a, eme»); a. C. (antes de Cristo), AC. Por consiguiente, nacen nuevas siglas; si bien es recomendable pronunciar la abreviación de una manera u otra según de qué tipo se trate originalmente, no hay razones que obliguen a prohibir la creación algunas abreviaturas en siglas siempre que pueda hacerse coherentemente y se adapten adecuadamente; aunque, como es evidente, es preferible emplear la forma original para evitar, entre otras cosas, la creación masiva de formas innecesarias. Por ejemplo, no deberíamos —ni podríamos, si conociéramos y respetáramos la lógica lingüística— convertir la abreviatura a. C. en el híbrido incoherente *aC, ya que en forma de sigla debería tomar la forma AC. Muy importante: el proceso de convertir abreviaturas en siglas no debe ni puede ni debe llevarse a cabo, de ninguna manera, en todos los casos, pues muchos no cumplen los requisitos para poder convertirse: etc. («etcétera»), *ETC («e, te, ce»).

Debe evitarse el uso superfluo de abreviaturas; es decir, si no es realmente útil abreviar un elemento, es preferible dejarlo desarrollado para evitar que alguien que no conozca su significado no pueda saber qué significa. Como es evidente, en prácticamente todos los casos es un uso innecesario, pero puede admitirse emplear abreviaturas muy comunes como etc. o EE. UU. Siempre es recomendable especificar, al menos una vez, qué significa cada abreviatura, especialmente aquellas de uso no muy frecuente o que se repitan varias veces en un mismo texto.

Sigla

Se llama sigla tanto a la palabra formada por las iniciales de los términos que integran una denominación compleja, como a cada una de esas letras iniciales. Las siglas no son abreviaturas, sino un método de abreviación, y se utilizan para referirse de forma abreviada a organismos, instituciones, empresas, objetos, sistemas, asociaciones... Hay siglas que se leen tal como se escriben, las cuales reciben también el nombre de acrónimos; muchas de estas siglas acaban incorporándose como sustantivos al léxico común.

Aunque en la lengua oral tienden a tomar marca de plural, son invariables en la escritura; por ello, cuando se quiere aludir a varios referentes es recomendable introducir la sigla con determinantes que indiquen pluralidad. Debe evitarse el uso, copiado del inglés, de realizar el plural de las siglas añadiendo al final una s, ya sea minúscula, mayúscula, con guion o, en el peor de los casos, con apóstrofo, ya que además de innecesario va en contra del sistema ortográfico actual de la lengua española.

Por supuesto, atribuir a las siglas los métodos de pluralización de las abreviaturas es inadecuado y desaconsejable. No deben confundirse abreviaturas como EE. UU. (‘Estados Unidos’), JJ. OO. (‘Juegos Olímpicos’) o RR. HH. (‘Recursos Humanos’) con siglas y por consiguiente escribirse inadecuadamente *EEUU o *EE UU, *JJOO o *JJ OO, *RRHH o *RR HH... Tales confusiones carecen de coherencia con el sistema ortográfico actual y ponen en serio riesgo la fácil y correcta interpretación de los métodos de abreviación, y por consiguiente su eficiencia y utilidad. Para el caso concreto de Estados Unidos existe la alternativa EUA (siglas de Estados Unidos de América); pero se usa poco, pues habitualmente decimos «Estados Unidos» (y entonces se escribe EE. UU.), y no «e, u, a» (y, entonces, EUA).

Las siglas se escriben hoy sin puntos ni blancos de separación; aunque todavía es algo frecuente verlas escritas con puntos, se recomienda no hacerlo (recordemos: únicamente con las siglas) para agilizar y aligerar la lectura y el texto. En caso de emplear puntos, todos los elementos deben llevar uno a continuación, incluido el último, naturalmente.

Las siglas se leen sin restablecer la expresión a la que reemplazan, siguiendo el procedimiento que requiera su forma: lectura silábica, deletreo o lectura mixta. Las siglas suelen omitir para su formación los artículos, las preposiciones y las conjunciones que aparecen en la denominación completa, salvo cuando se desea facilitar su pronunciación, convirtiéndolas en acrónimos.

Las siglas, al igual que los acrónimos, las abreviaturas, los símbolos, etc., deben usarse cuando realmente sea necesario o, como mínimo, útil; su uso indiscriminado no es recomendable, como puede comprenderse. Así pues, siglas mal empleadas como TV (copia de la costumbre de los anglohablantes) hay que evitarlas a toda costa, pues en español no es habitual decir «te, uve», y cuando se quiere abreviar se emplea un acortamiento y simplemente se dice «tele», en registros coloquiales.

Acrónimo

Es, por un lado, el término formado por la unión de elementos de dos o más palabras. Por otro lado, también se llama acrónimo a la sigla que se pronuncia como una palabra. Es muy frecuente que este último tipo, tras una primera fase en que aparecen escritos con mayúsculas por su originaria condición de siglas, acaben por incorporarse al léxico común del idioma y se escriban con letras minúsculas, salvo, naturalmente, la inicial cuando se trata de nombres que exigen la escritura de esta letra con mayúscula. Los acrónimos suelen omitir para su formación los artículos, las preposiciones y las conjunciones que aparecen en la denominación completa, salvo si son necesarios para facilitar su pronunciación. Una vez incorporados al léxico común (como ovni, láser...), los acrónimos forman el plural siguiendo las reglas generales de su formación en español. Solo los acrónimos que se han incorporado al léxico general y que, por esa razón, se escriben con minúsculas, admiten su división con guion de final de línea y se someten a las reglas de acentuación gráfica en español. Los acrónimos se leen como se escriben, sin desarrollar los elementos abreviados.

Símbolo

Los símbolos son representaciones gráficas estables y normalizadas de conceptos o realidades pertenecientes, en general, al ámbito científico-técnico, por medio de letras o de signos no alfabetizables. En general, son fijados convencionalmente por instituciones de normalización —como el Sistema Internacional de Unidades— y poseen validez internacional. Aun así, hay mucha ignorancia sobre los símbolos, lo que deriva en dudas, confusiones y, en última instancia, en errores; sin embargo, son muy fáciles de evitar: únicamente ha de saberse y comprenderse qué son y cómo han de ser.

Los símbolos constituidos por letras son semejantes a las abreviaturas, pero se distinguen de ellas en los aspectos siguientes: se escriben siempre sin punto, no llevan nunca tilde, aunque mantengan la letra que la lleva en la palabra que representan y no varían de forma en plural, naturalmente. Así pues, debe escribirse siempre, por ejemplo, m, nunca *m., *mts, etc.

Los símbolos de los puntos cardinales se escriben siempre con mayúscula, aunque estén constituidos por dos letras. Los de los elementos químicos se escriben con una sola letra mayúscula; o, si están constituidos por dos letras, con una combinación de mayúscula y minúscula. Los de las unidades de medida se escriben normalmente con minúscula, o los de aquellas que incorporan prefijos para formar múltiplos (unidades superiores a la establecida como referencia), ya que los símbolos de estos prefijos, con la excepción de kilo- (k-), hecto- (h-) y deca- (da-), se escriben con mayúscula: M- (mega-), G- (giga-), T- (tera-), etc.; por el contrario, los símbolos de los prefijos utilizados para formar submúltiplos (unidades inferiores a la establecida como referencia) se escriben siempre con minúscula: d- (deci-), c- (centi-), m- (mili-), etc. Así pues, la única forma correcta de kilobyte es kB, no *KB; la de kilómetro es km, nunca *km., *Km, etc.; la de kilogramo es kg, nunca *kg., *Kg, etc.

Se escriben normalmente pospuestos y dejando un espacio de separación. Se exceptúan el símbolo del porcentaje y el de los grados, que se escriben pegados a la cifra a la que acompañan. Cuando se lee un símbolo, ha de desarrollarse toda la palabra representada, salvo que esté integrado en una fórmula química o matemática, en que lo normal es el deletreo.

Resumiendo mucho:

Las abreviaturas deben cerrarse siempre, y normalmente se hace con el punto. Normalmente tienen espacios entre los elementos abreviados, tal como tienen estos antes de aplicarle la abreviación, lo que ayuda en bastantes casos a diferenciarlos de las siglas. Normalmente, se leen desarrollando todos los elementos.

Las siglas se escriben enteramente en mayúsculas y sin puntos, pero si se escriben con puntos, la última sigla también debe llevarlo, evidentemente. No tienen plural gráfico por sí mismas. Se leen deletreando, a no ser que sean acrónimos.

Los acrónimos nunca llevan puntos, y pueden pluralizarse únicamente si están totalmente lexicalizados y aceptados como vocablos normales, que es cuando se escriben enteramente con minúsculas o con mayúscula inicial, si procede. Se leen tal como se escriben, no deletreando.

Los símbolos, que no deben confundirse con abreviaturas, jamás llevan punto y tienen una única forma, que se establece mediante convenciones y reglas; es decir, son totalmente invariables, no tienen plural ni variaciones de ningún tipo. Únicamente aparecen junto al elemento al que se refieren, exceptuando las fórmulas, en las que pueden aparecer individualmente.

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